Cómo escribir historias para blogs

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La redacción de marketing sensorial siempre surge de una experiencia, de la experiencia sensorial del escritor. Puede ser el recuerdo de un momento especial o el aroma que evoca una emoción. Todo, absolutamente todo lo que llega al escritor a través de los sentidos tiene la capacidad de ser escrito. La experiencia sensorial es la materia prima de todo especialista en marketing sensorial.

La historia que sigue es exactamente eso: una experiencia sensorial. Es la memoria de un suceso que me tocó los sentidos, en este caso el sentido de la vista. El aprender a escribir marketing emocional incluye la aventura de darle atención a todo lo que nos evoca una emoción. Si esa emoción insiste en quedarse con nosotros, es muy probable que tengamos en las manos materia prima valiosa. Y esto fue lo que me sucedió, lo que propició que escribiera la breve historia que aparece al final de este artículo. Esta es la historia detrás de la historia La abuelita de Elsy.

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Vi la fotografía. Su sonrisa hablaba de historias. Su vestido lila, sus uñas lilas; toda ella estaba de fiesta. Era una fotografía perfecta como la realidad misma. Ella, la abuela, en los quince años de su nieta.

Me quedé con su sonrisa en el corazón.

Era la fotografía de una clienta satisfecha con una sonrisa de oreja a oreja. Me pregunté si utilizarían esta imagen en la publicidad o si preferirían otra más armónica. Nunca lo supe. Lo único que puedo decir es que esa fotografía, la de la abuela vestida de lila, me atrapó. ¿Qué es lo que atrapa de una imagen? La vida.

Esta fotografía mostró un pedazo del pasado de una persona. La clave aquí, es que ese pasado es algo con un gran significado para una mexicana como yo, porque se trata de la abuela. Hay imágenes que nos traen un pasado al corazón y nos producen nostalgia. Y esta fotografía me atravesó.

Hay imágenes que nos traen un pasado al corazón y nos producen nostalgia.

¿Y si la sonrisa de la abuela se queda archivada en una carpeta?, me pregunté. Pues la mayoría de las imágenes ahí se quedan, archivadas «para la otra campaña publicitaria». Por eso, por el «puritito miedo» de saber que no sería la fotografía elegida, no pregunté qué le pasó a la abuela lila. Honestamente, temía vivir la desilusión de saber que su foto acabó en el archivo. Pero como todo lo que uno no puede olvidar, su sonrisa y sus uñas lilas persistieron en mi memoria, con toda su vaguedad y con toda su urgencia. Así, tomé la decisión.

Por supuesto que no iba a decirle a los dueños de la fotografía, denme la fotografía de la abuela, que no la puedo olvidar. Yo la recordaría como la abuela agradecida a su doctor; como la abuela que gracias a los cuidados de su médico pudo asistir a los quince años de su nieta. Y así fui armando la historia en mi cabeza, hasta que la pasé por la crítica más amorosa y severa que tengo: mi madre. Su «Sí, mija. A mí, si mi nieta me pide que me pinte el pelo morado para sus quince años, yo lo hago», le dio nueva vida a la abuela lila de la fotografía. ¡Ya no necesitaba la imagen!

… su sonrisa y sus uñas lilas persistieron en mi memoria, con toda su vaguedad y con toda su urgencia.

Luego, me puse a ver otras fotografías de abuelas con sus nietos. Todas lucían dulcemente armoniosas. ¿Acaso la abuela lila es más bien una ridícula?, pensé. Y luego recordé que la abuela de esa foto traía mucho maquillaje. Y, conociendo a mi madre, no creo que ella se hubiera teñido el cabello de morado por ninguna de sus nietas. ¿Acaso soy yo la que estoy mal?, me pregunté. Las imágenes de las abuelas deben ser más bien dulces, como la que anuncia nuestro famoso chocolate mexicano.

Pero mi madre es mi madre. Y después de una semana, me preguntó por la abuela lila. Ya le había contado mi historia no escrita a una de sus amigas. Así, de nuevo, se me colgó otra vez la abuela lila en la memoria. Y luego me acordé de mi propia abuela, mi abuela Lola. Mi abuela Lola, por mí, se hubiera teñido el cabello naranja y morado, si yo se lo hubiera pedido.

Así, y de un jalón, escribí la historia de la abuela de Elsy. Para todas las abuelas cuidadas por sus médicos con el fin de que sigan celebrando quinceañeras, bodas y bautizos. Para todas las abuelas que son recordadas por sus nietas.

Aquí está la breve historia que escribí en honor de nuestra abuela lila, la loca, la amorosa: la abuela mexicana.

Para todas las abuelas que son recordadas por sus nietas.

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La abuelita de Elsy

El lila es mi color favorito, y mi nieta lo usó para el vestido de sus quince años. Yo iba también vestida de lila, hasta las uñas. No es broma, hasta las uñas las traía lilas, igual que mi Elsy. Por mi niña «todo»: zapatos, vestido, uñas y sombrero lilas. ¿Por qué? Porque adoro a mi nieta. Esta es mi última nieta quinceañera. ¿Cuándo iba yo a pensar que mediría mi edad en quince años, graduaciones, bodas, bautizos y uno que otro viaje a Las Vegas? Pero, bueno, dejen les cuento mi novela. 

Justo diez días antes de los quince años de mi Elsy, me caí. Me di tal golpazo contra el suelo, que creí que de ahí ya no me levantaría. Mi marido peló los ojos y se quedó congelado, hasta que de un grito lo saqué del susto para decirle, muy firmemente, que no llamara a mi hija; que le hablara al doctor. Es que siempre le llama a mi hija para todo.

Vino la ambulancia y ahí fuimos a emergencias. Como soy de huesos duros, nada se me quebró. De regreso en casa, me aseguré de que mi hija no fuera agobiada con la llamada de su padre y el «tu mamá se cayó». Porque ya sabía que luego vendrían todos mis hijos con una retahíla de consejos y decisiones que, por supuesto, no me tomarían en cuenta. Y eso, no iba a suceder. 

Casi no dormí, solo de imaginar no poder ir a los quince de mi niña. Vi el vestido lila que mi Elsy escogió para mí, y me puse a llorar. 

Después del susto, en la mañanita del día siguiente, fui a ver a mi doctor. ¿Qué tenía que hacer para convencerlo de que estaba bien? Pero cuál fue mi sorpresa. Mi doctor se acordó de los quince años de mi nieta y me dijo que me ayudaría, para asegurarnos de que yo pudiera estar lista para la fiesta.

¡Ese es mi doctor! Él comprendió que para una abuela los quince años de su nieta son lo más importante. Cuando lo visité, me mandó a terapia física y me enseñó unos ejercicios que me ayudaron a mejorar más pronto. Les digo que hasta tiempo tuve de ir por mi manicura, en donde me pintaron las uñas del mismo tono lila que mi vestido. Ahora, a ponerme bien para la siguiente fiesta.

Esta es una historia con personajes ficticios.

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El escritor de marketing sensorial sabe que la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído son los canales a través de los cuales su creatividad se nutre. No dejes pasar la oportunidad de nutrir tu escritura creativa a través de los sentidos, porque es esa escritura la que te dará la historia que te conectará con tus lectores.

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