Cómo escribir un texto humorístico para branding

Una buena carcajada. Qué liberación es esa carcajada que nos saca lágrimas, esa entrega a los movimientos involuntarios que nos aligera el momento.

Un texto humorístico tiene ese poder, el de liberarnos del estrés. Ese mismo poder que tienen un buen chiste y una broma. Entonces, ¿por qué no explorar ese camino al escribir sobre servicios y productos?

No creo que sea necesario ser expertos en la comedia. Lo que necesitamos es imaginar las situaciones más ridículas de lo que observamos.

Te voy a pasar la fórmula que seguí para escribir el artículo Historia de pelos (al final de este artículo). Date vuelo, avergüénzate, recorta y pasa tu texto por la policía de la aceptación social y de tu marca (departamento legal), vuelve a editarlo y déjalo ir.

De la observación al párrafo

Paso uno: observación


Sin pensar en la marca (servicio o producto), escribe una observación en primera persona.

Mi observación:
Vi los pelos de la barbilla de mi vecina de asiento.

Paso dos: desvío


Desvíate, irrumpe el ritmo. Haz algo sorpresivo. El crecimiento de vello facial después de los 50 no debe crear tanto asombro, es parte de la naturaleza. Rompe esa lógica.

Mi desvío:
Muy discretamente me toqué la barbilla, y ahí estaban los míos. Sí, ahí, juntas estábamos las dos mujeres barbudas. Y pensé que seguro el planeta está poblado de muchas mujeres barbudas, porque muchas pasamos de los 50.

Paso tres: la frase chusca y ridícula


Sí, ya sé. Si escribes la frase chusca que se te vino a la mente, bien sabes que «la policía de la aceptación social y de tu marca» te la va a censurar. Pero escríbela. Estas son las frases ridículas que escribí:

Mis frases chuscas y ridículas:

  • Mis alambres a un lado de sus alambres, las mujeres barbudas ¡en esta esquina!
  • ¿Y si me tomo una selfie y lo hago tendencia? Digo, después de los 50 esto nos pasa a todas.
  • ¿Por qué este pelo que se ve tan resistente no me crece en la cabeza?

Paso cuatro: regresa a tu marca


Ahora, regresa a tu marca. ¿Cómo vas a unir esa singular suma de observación y ridiculez con tu marca? El humor ya es una desviación de un discurso lógico, síguelo desviando hasta que su «sinsentido» tenga sentido junto a tu producto o servicio:

Mi regreso a la marca:

  • Anuncia las maravillosas selfies que tu nuevo teléfono celular puede tomar.
  • Calma ese nerviosismo que dan los pelos de la cara con las clases de yoga que ofreces.
  • Libera a nuestra amiga con unas vacaciones en un lugar exótico, en donde un pelo descarriado no importe tanto.

Paso quinto: escribe el párrafo

Recorre mentalmente tu suma (observación + ridiculez + marca) y escribe el párrafo. No dejes que los juicios de valor te limiten: tú escribe. Después edita, revisa si socialmente y legalmente tu párrafo puede representar a tu marca. Si la representa, tienes un párrafo ganador, antiestrés y tribal.

Mi párrafo:
Estoy en el aquí y en el ahora, haciéndole frente a los escalofríos que me dan los pelos en mi cara y en la cara de otras víctimas. Son sus pelos y los debo respetar. De lo único que me debo preocupar es de mis pelos y de encontrar el celular que está timbrando. —Bueno. ¡Hola amiga! —Claro que voy. ¿Cómo fue que no me acordé de mi yoga hoy en la mañana? Me hubiera ahorrado dinero, medio día de mi vida y la barbilla de Popeye.

El humor no solo nos libera estrés sino nos une, es un poco tribal. Todas las mujeres que hemos vivido la tragedia de encontrarnos un pelo puntiagudo en la barbilla nos unimos a nuestra desesperada amiga. Nos frustramos con ella, nos reímos con ella. Y, definitivamente, como ella, queremos aterrizar en una playa exótica.

El objetivo de un texto humorístico es llevar al lector a un lugar que no espera. Es una ventana la que recibe al lector, nunca es una puerta. Desde ese ángulo le das al lector un cambio. Creas la expectativa de que sigue algo inesperado. Explora la redacción humorística para branding. No olvides que te ofrece estas tres ventajas: es antiestrés, es tribal y puede recordarse fácilmente.

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Historia de pelos

Últimamente he estado poniendo atención al pelo, en todas sus formas humanas. Ayer, esperando ver al dermatólogo, no pude evitar un pelo negro, apuntando al horizonte, que salía del lunar de mi vecina de asiento. Cerré los ojos y me acordé de un lunar que tengo en el cuello, el cual muy discretamente toqué con los dedos, por si acaso. ¿Por qué mi preocupación? Porque tengo 50 años y, por lo que dicen, a esta edad, los pelos empiezan a cambiar de lugar, a desacomodarse, a invadir las zonas visibles del cuerpo. El tan sólo pensarlo me da escalofríos.

Saliendo del médico, me fui a la farmacia a surtir la receta. ¡Y adivinen qué! Mientras esperaba mi medicamento, sentí una protuberancia peluda en la barbilla. Marché directamente al pasillo de los lentes y observé con cuidado. Ahí estaba, insolente pelo negro tan erguido. En ese momento decidí hacer algo. 

En el pasillo de cremas depiladoras me encontré una cajita con lo que parecían dos esponjas que, según los beneficios, eran potentes removedoras de pelo, vello y cualquier alambre saliente del cuerpo humano. Justo lo que necesitaba en ese momento de ansiedad peluda.

Las instrucciones decían que es mejor preparar la piel antes de iniciar la operación removedora de vello. Pero llegando a la casa, ante mi urgencia de pelarme, y después de haber hurgado y encontrado otros dos vellos potenciales en la barbilla, decidí no esperar a la siguiente mañana, después del baño. Me lavé la cara con sigilo, sequé el área invadida por esos dos intrusos y empecé a lijar. ¡Sí!, me oyeron bien, a lijar.

«Aplicar primero en la zona del brazo para observar si hay alguna reacción alérgica». Gracias, pero ya era muy tarde para eso. ¿Qué no entienden? Primero, nunca leo las instrucciones, mucho menos las contraindicaciones y, segundo, que soy una cincuentona, que tuvo esta mañana un choque traumático y que en trance postraumático se lanzó a salvar su dignidad antipeluda, peleando a los pelos del mundo. 

No, claro que nadie lo entiende. Para empezar, la chica de la caja, no pasa de los 20 años, lo cual significa, que ella todavía tiene los pelos bien acomodados. Pero bueno, mis veinte ya pasaron. Estoy en el aquí y en el ahora, haciéndole frente a los escalofríos que me dan los pelos en mi cara y en la cara de otras víctimas. Son sus pelos y los debo respetar. De lo único que me debo preocupar es de mis pelos y de, por primera vez, leer las instrucciones.

Y de encontrar el celular que está timbrando. —Bueno. ¡Hola amiga! —Claro que voy. ¿Cómo fue que no me acordé de mi yoga hoy en la mañana? Me hubiera ahorrado dinero, medio día de mi vida y la barbilla de Popeye.

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