Sé tú en tu blog

Solo hay una cosa que debes hacer. Profundiza en ti. Halla la razón que te obliga a escribir; ve si ya atrapó con sus raíces lo más hondo de tu corazón…*

Rainer Maria Rilke

Siempre he creído que el miedo a escribir aparece cuando ya no podemos ocultar nuestra fuerza. Tarde que temprano, si eres bloguera o bloguero, sentirás ese miedo. El miedo aparece cuando tienes que ser tú, genuinamente tú en tu escritura.

A mí, quien me ayudó a ver mi miedo a escribir desde mi fuerza, fue Anthony Bourdain. Leer Medium Raw: A Bloody Valentine to the World of Food and the People Who Cook fue revelador. Bourdain se vació en ese libro.

Fue la experiencia que necesitaba, para darme cuenta que está bien aceptar ante el mundo mi vulnerabilidad, que está bien que me exponga a la crítica, a los juicios de los otros, que sea yo en el  texto. Leí el libro tras la muerte de Bordain. Saboree cada una de sus confesiones. Fue toda una experiencia leer a este escritor que celebró tanto la vida y jugó con la muerte. 

No sé si un día el miedo desaparezca de la vida de los escritores. No creo, porque cada vez que escribimos pelamos una capa de lo que somos, escarbamos aquí y allá, revolvemos cosas por dentro. Y, cuando volvemos a escribir, volvemos a repetir el mismo proceso. Posiblemente, por eso escribir para unos sea adictivo. 

En mi caso, confieso que no hay momento más completo que el instante en que me olvido de mí, y pelo y pelo la cebolla, hasta agotar las palabras que me salen, a veces incoherentes, a veces sin sentido, pero nunca muertas. 

En ese escribir sin parar, muchos escritores hemos encontrado un medio para alcanzar al universo de los lectores: la web. La web se ha convertido en la casa que nos abriga a muchos que compartimos el destino del escritor.

Pero algo sucede cuando entramos en esa casa tan basta y, a veces, de patas para arriba. Unos iniciamos poco a poco, exploramos el terreno escribiendo para otros. Luego, nos aventamos a la arena de los blogs. Y, cuando ya tenemos la propiedad de un url, comenzamos desbocados. ¿Qué es lo que hacemos primero? Escribir. ¿Después? Escribir. ¿Luego? Revisar si aparecemos en alguna página de internet. Y nos damos cuenta que no.

En ese instante, comenzamos a abandonarnos. Y no me refiero a abandonar la escritura. No abandonamos la escritura, abandonamos al autor. Pasamos al autor al asiento de atrás del automóvil. Pues tenemos que ser encontrados por lectores, en esta inmensa casa que millones de blogueras y blogueros ya habitan. Y, así, le damos a un desconocido el asiento del conductor, a un tal SEO, que viene con sus amigos calendario, meta y etiquetas. 

Y volvemos a escribir, ahora más armados, para aparecer en esas páginas primeras. Comenzamos a escribir para SEO y, casi lo olvido, para un lector que si bien imaginamos, no sabemos dónde está. Salpicamos nuestros contenidos con palabras claves, aquí y allá, que les perdemos el hilo. Buscamos un ángulo distinto para contar la historia. Aprendemos sobre marketing emocional. Creamos encabezados que inician con «cómo» o «técnicas». Escribimos con los sentidos. En conclusión, seguimos los consejos de los que saben.

Los días pasan, revisamos cuántos visitantes tiene nuestra página, una y otra vez. No entendemos lo inexplicable. No tenemos los miles de lectores que esperábamos. ¿Cómo? Si seguimos todos los consejos. Las oraciones breves, sencillas. Escribimos preguntas por todos lados, para enganchar al lector. Insertamos palabras claves. Usamos lenguaje sensorial. Pero no descansamos, publicamos otro artículo, otro y otro.

Llega ese día. ¡Alguien nos lee! ¡Alguien nos lee! Seguimos escribiendo. Y los lectores, poco a poco, van en aumento. Así siguen nuestros días, que ya sumaron meses. Somos blogueros, trabajamos diez horas diarias. Tomamos más café, hasta que no podemos más. Nos animamos. Nos damos palmadas en la espalda. ¿La espalda? ¿Dónde? ¿En el asiento de atrás? Sí, en el asiento de atrás. Porque a SEO le gusta el volante, y no lo quiere soltar. 

¿Qué diablos pasó? ¿Cómo fue que terminamos en el asiento de atrás? 

El autor está en el asiento de atrás. Y seguirá ahí hasta que responda esta pregunta: ¿cuál es la razón que lo obliga a escribir? La razón mas personal, la del corazón. La razón que Anthony Bourdain nunca ocultó; la que Rilke, en su cita de arriba, nunca abandonó. La que tú y yo tenemos. La única razón que nos hace comenzar a teclear con emoción. Tu razón sin internet. 

Y es aquí donde la frase de Rilke cobra su verdadera fuerza:

«Solo hay una cosa que debes hacer. Profundiza en ti. Halla la razón que te obliga a escribir; ve si ya atrapó con sus raíces lo más hondo de tu corazón…».

Detén el automóvil. Deja a SEO de copiloto, y al resto pásalos al asiento de atrás. Llámalos cuando los necesites, escucha lo que tengan que aportar para que llegues mejor a tu destino. Pero el asiento del conductor, ese asiento, es tuyo. Acomódalo a tu gusto, pon la música que quieres, y conduce tú.

Porque lo que necesitas hacer es descubrir la razón que te obliga a escribir, la que atrapó con sus raíces lo más hondo de tu corazón. Y eso lleva tiempo, lleva escritura, lleva reflexión. Necesitas ir hondo adentro y sacar lo que tienes que darle al mundo a través de tu escritura. Luego, verás cómo SEO te va ayudar, junto con todos los demás pasajeros, a llegar a tu destino. Pero primero, es el texto, el texto que viene de adentro. Sí, ese texto que te da miedo. Ese reconocer y reconocerte ante el mundo que eres vulnerable, que lo que escribes eres tú, porque si no, el escritor no vive su plenitud, con lo bueno, lo malo, lo triste y lo alegre. 

Todo lo que no eres tú, son herramientas. Absolutamente todo. La misma redacción es una herramienta. Las oraciones cortas son una técnica. La integración de palabras claves en el contenido es una habilidad. Al igual que la creación de encabezados que inviten a la lectura. Tú mensaje no es una herramienta. Tu mensaje eres tú. No importa que escribas sobre abanicos de mano o semillas de trigo. Si escribes tu propio blog y estos temas son tu pasión, tu mensaje eres tú, no lo entierres. 

No pierdas esa razón que te obliga a escribir, la que tienes enraizada en el corazón.

*Rilke, R.M. (1929). Letters to a young poet. New York. Random House. (Maria Bulman, traducción cita.).

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