Técnica de escritura sensorial para blogs

¡Qué extraña máquina es el hombre! Usted le mete pan, vino, pescado y rábanos, y salen suspiros, risas y sueños.

Nikos Kazantzakis
Zorba el Griego

Somos esa máquina. Métele pan y vino, y volaremos. Somos todo lo que nos nutre: un salto en paracaídas, un beso o un texto. Sí, puede ser una frase la que nos atrape en un suspiro. Pero, ¿qué diablos tiene que ver un texto con tanta vida? Todo.

¿De dónde vienen los textos? Vienen del lenguaje. ¿De dónde viene el lenguaje? Del pensamiento y la memoria. ¿De dónde viene el pensamiento? Del darnos cuenta que aquí estamos. ¿Y cómo nos damos cuenta que aquí estamos? A través de los sentidos.

En este momento voltea a tu derecha. Dedica un momento a observar lo que ahí está. Hazlo ahora. Para de leer. Después, regresa y continúa leyendo.

¿Cómo te sientes? 

Esto fue lo que sentí:

Las ganas de salir al balcón; de sentarme y sentir el sol en las piernas, el tibio abrazo de la mañana, el viento fresco. La necesidad de cerrar los ojos para respirar a mis anchas.

Sin describir el balcón, la silla, ni la mañana soleada pudiste ver estos objetos. Y no solo eso, pudiste deducir cómo me sentía.

Con el ejercicio de voltear a la derecha, dejé que mis sentidos notaran el sol de la mañana. Hice una pausa en mi escritura, porque mi deseo de disfrutar el sol desde el balcón, creció tanto que me venció. 

Esto fue lo que escribí después de mi baño de sol:

No sé si el sol agradeció mi presencia, pero yo sí. Su calor impregnado en el cojín aplacó mis desaciertos en un segundo y derritió mis pensamientos. Ese calor traspasó mi espalda, y llegó directo a mi centro. Sonreí y cerré los ojos. Respiré su presencia, que en estas latitudes todavía desconozco. En Las Vegas el sol ama con ardor. No ofrece medianías ni se esconde tras las nubes. No, aparece de frente, descarado. Yo, acostumbrada al sol de Orange County, más sutil en sus caricias. La verdad, este es un sol sin vergüenza.

Lo que leíste arriba es lo que escribí inmediatamente después de regresar de mi baño de sol. Fui directamente a sacar lo que el sol me dio. Como en la cita de Zorba el Griego, dejé que el sol se metiera y me nutriera a través de los sentidos, para luego echar afuera mi experiencia. También así se crea la escritura sensorial.  

Si una vez te preguntaste cómo escribir con palabras sensoriales, pues ya tienes la respuesta más directa. Las palabras sensoriales salen solitas cuando dejamos que borboteen como el agua hirviendo que lo salpica todo. Son esas saltarinas gotitas que siempre brincan hacia afuera. 

… dejé que el sol se metiera y me nutriera a través de los sentidos, para luego echar afuera mi experiencia. También así se crea la escritura sensorial. 

Vuelve a voltear a tu derecha. ¿Tiene algo más que darte? Casi siempre hay algo más: un recuerdo. ¿Sabías que los recuerdos también son vivencias? Volví a voltear a la derecha, y un recuerdo apareció. Hace años, una compañera de cubículo me envió un mensaje desde su casa, pidiéndome que le pusiera agua a la pequeña maceta de su escritorio. 

Llegó el viernes. Como siempre, nos saludamos. Luego, la vi traer una caja vacía, la caja de cartón que los oficinistas reconocemos por su doloroso oficio. Cerré los ojos, como los estoy cerrando ahora. Para las once de la mañana, ya había un desfile de cajas. Muchos que no recibimos una caja, nos fuimos temprano ese día. Esa tarde decidí mi destino. Otros también. Unos se esperarían, otros buscarían trabajo. Heredé su planta, misma que dejé de herencia a alguien más un par de meses después.

Los lados derechos de uno tienen sorpresas. Pero también los lados izquierdos y todo lo que tenemos enfrente. Todo lo que vivimos tiene sorpresas. Puede ser la tela turquesa y líquida del mar o el aroma de las gardenias. Y puede ser que a ninguno de los dos los tengamos enfrente, pero sí en la memoria. ¿Qué? ¿Podemos ver el mar turquesa y oler el aroma de las gardenias, sin tenerlos en vivo y a todo color? Sí, en el recuerdo. 

Somos seres de memorias y vivimos de nuestras memorias. Vivimos de lo que nos nutre en el momento y de lo que nos nutrió ayer, antier y todos los demás días que sumamos a nuestra existencia. 

Así que volvamos a comenzar, ahora con las memorias:

¿De dónde vienen los textos? Vienen del lenguaje. ¿De dónde viene el lenguaje? Del pensamiento y la memoria. ¿De dónde viene el pensamiento? Del darnos cuenta que aquí estamos. ¿Y cómo nos damos cuenta que aquí estamos? A través del gusto, el olfato, el tacto, el oído y la vista.

Vivimos de lo que nos nutre en el momento y de lo que nos nutrió ayer, antier y todos los demás días que sumamos a nuestra existencia. 

Cuando volteaste a tu derecha, al inicio de este artículo, no solo abriste la ventana a lo que viste, sino a tus memorias. Si no, ¿cómo hubieras identificado lo visto? Y cuando te pregunté cómo te sentías, invariablemente, tuviste que recurrir a tu baúl de las emociones y sensaciones.

Luego vino el lenguaje para entender y nombrar lo sentido. Porque una cosa es sentir y otra cosa es entender la sensación. Aquí es donde el lenguaje toma el control. Si confiamos, será el lenguaje sensorial el que tome las riendas. Si tu objetivo es el uso de palabras sensoriales, es vital que el lenguaje sensorial lleve las riendas. Para eso, tienes que evitar que el lenguaje lógico se las arrebate. 

A esas alturas del proceso, tus circuitos ya andan explorando nuevas rutas y pescando palabras sensoriales. Tú solo tienes que atraparlas y escribirlas, tal y como brotan de tu memoria. No las ciñas. Sácalas como salgan, así como nos salen las risas, los suspiros y los sueños. Son los tesoros que tu memoria guardó para que los vivas y los regales a través de tu escritura.

Un paso más para escribir marketing sensorial

¿Cuáles son los pasos para escribir marketing sensorial? Sigue los mismos pasos, pero con un tema definido. Si vas a escribir sobre viajes, en específico un viaje al Caribe, posiblemente la frase “la tela turquesa y líquida del mar» te sirva. Si vas a escribir sobre tu amor a las plantas, el compartir la tradición de heredar las plantas de un compañero de trabajo a otro, podría ser un tema interesante. 

¿Cuál es el tema que quieres tratar en tu blog? Puede ser tan específico como una nueva oferta de pantuflas color amarillo que muy bien podríamos emparentar con el sol. En una mañana fría de invierno, podemos dejar que el sol nos arrope los pies con un calientito par de pantuflas amarillas. Andaríamos con el sol sin vergüenza por toda la casa, riéndonos a carcajadas de la lluvia helada.

Vuelve a voltear a tu derecha. ¿Tiene algo que darte? Seguro que hay algo, deja que aparezca. Si es un recuerdo, no lo alejes, revívelo. Esa vivencia conectará tus circuitos neuronales para explorar rutas nuevas y pescar sensaciones. Deja que esa máquina que eres, se nutra de lo que le dan los sentidos, la memoria. Y luego deja que salgan de ella tus suspiros, risas y sueños. 

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